jueves, 12 de junio de 2008
River gritó campeón de la mano de Buonanotte
El fútbol es así. En pocos días todo se puede dar vuelta. Del maíz en el Monumental sólo queda el recuerdo. Para recibir a Olimpo se agotaron las populares, y hasta hubo banderas de agradecimiento para Carrizo que se irá a jugar a la Lazio de Italia. Cuando en cancha de Racing el arquero fue insultado por sus propios hinchas. En este nuevo contexto, River salía al césped de Núñez con la posibilidad de obtener un nuevo título, el número 33 en el ámbito local. Pero enfrente estaba el equipo de Bahía Blanca, que sacó 15 de los últimos 18 puntos con Daniel Florit, su nuevo entrenador, y se jugaba una apuesta fuerte para mantener la categoría.Mucha presión de River en el arranque, como era esperado de un equipo grande que pretende ser campeón. Ahumada y Abelairas intentaban adueñarse del medio, mientras que Ortega y Buonanotte trataban de manejar la pelota con claridad para habilitar a Abreu o a Falcao. Pero Olimpo no se metió atrás en el inicio. Pinto como cinco, se paró bien adelante para discutirle el balón a River en campo rival. Olivi por izquierda y Martínez en la derecha, también obligaban. Un mal rechazo de Cabral a los 3, le permitió a Leandro González rematar desviado.El ritmo vertiginoso que proponía Olimpo, audaz por cierto, terminó beneficiando a River. Las pelotas divididas quedaban para los jugadores locales y por individualidades, River comenzaba a sacar ventajas. No era claro, no llegaba al arco de Ramírez con real peligro, pero merodeaba cerca del área bahiense. A los 15, una falta de Barrado sobre Abelairas generó una pelota parada a la que el local le sacaría máximo provecho. La jugaron corta, Ortega la frenó, Abelairas tocó por bajo hacia la puerta del área. Los defensores se llevaron las marcas, simulando un centro. Y Buonanotte se desprendió bien, quedó libre y definió de primera, de zurda, a colocar para el 1-0 del Millonario.Después del gol River se paró de contra, no por elección, sino porque Olimpo no se achicaba. Enseguida el equipo de Florit fue en busca del empate. Lo tuvo Lujambio a los 18, tras un tiro libre. El visitante jugaba de igual a igual e inclinaba la cancha en su favor gracias al sacrificio de Perugini y Pinto en la mitad de la cancha.Pudo haber aumentado River cuando parecía que Olimpo era el que mejor se acomodaba en el campo. A los 28, Buonanotte enganchó de izquierda a derecha y con su pierna menos hábil sacó el remate cruzado. Pero apareció la gran figura de Ramírez que se estiró bárbaro para despejar el tiro. En la jugada siguiente Ortega desbordó por derecha y su centro atrás lo encontró a Falcao. El colombiano tocó de derecha, pero otra vez el arquero de Olimpo ahogó el grito del Monumental. Enseguida respondió Olimpo. A los 31, González capturó un rebote cerca del área y habilitó a Barrado por derecha. El volante se filtró en el área y quedó cara a cara con Carrizo, que salió rápido y se quedó con el empate de los bahienses en sus manos.Y en el final otra vez lo tuvo el local. Primero Ramírez le envió al tiro de esquina una buena definición a Ortega. Y de ese centro, Falcao cabeceó, el arquero la manoteó, la pelota dio en el travesaño y le quedó el gol servido a Abreu. El uruguayo, sorprendido, pateó mal de zurda, por encima del horizontal . Después, Collado, discutido por los jugadores visitantes, pitó el final del primer tiempo.Quiso salir a cerrar la historia River en el inicio del complemento. Las ganas y la intención estaban, pero las órdenes desde el cerebro a los pies de los jugadores no llegaban con precisión. Por eso Olimpo, de a poco, se fue acomodando otra vez mejor en el campo de juego. Y hasta fue por más Florit, puso en cancha a Ulloa y sacó a Leandro González para ganar juego aéreo en ataque. En cambio Simeone decidió sacar a Abreu y poner a Augusto Fernández para tener más la pelota, algo que le faltaba al local.La obligación de River estaba instalada. Y empujaba a Olimpo. Pero nada más. Ortega no gravitaba y Buonanotte no podía. Entonces el visitante, en un contra lastimó. Martínez recuperó y metió el cambio de frente a los 21. Olivi bajó la pelota sobre la izquierda y encaró. Llegó el centro al área, Cabral y Tuzzio perdieron las marcas. Lujambio controló la pelota, pero le quedó incómoda para definir. Igual el uruguayo se dio maña y metió la zurda para poner el 1-1.El Monumental en silencio. El empate fue un balde de agua fría y todos los fantasmas resucitaron. El de la eliminación humillante en la Copa ante San Lorenzo, la derrota en el Superclásico, el maíz en la previa ante Gimnasia de La Plata, los insultos a Ahumada y a Carrizo, la interna con Ortega... Pero había algo que hacía que la calma todavía reinase por Núñez: Estudiantes igualaba con Colón y un gol le daba el título a River.Tras el empate, Olimpo cometió el error de tratar de defender el punto hasta el final. Pero todavía quedaba mucho. Y River con poco, insinuaba cerca del área de Ramírez. Otra vez, por individualidades, el equipo de Simeone pudo gritar. Ortega habilitó a Buonanotte a los 33. El Enano (en posición dudosa) definió de derecha, cruzado para el 2-1. Otra vez Buonanotte, el de los goles importantes en un River que tambaleó hasta el último instante en el Clausura.Finalmente, Collado cerró el partido con el pitazo y la radio se hizo protagonista en Núñez. Cinco minutos más tarde de consumado el 2-1 ante Olimpo, llegó la noticia desde La Plata: Estudiantes terminó sin goles con Colón y River pudo gritar campeón. Un título que se le negaba desde el 2004 y que llegó en el momento justo para aplacar un mar de frustraciones.
viernes, 23 de mayo de 2008
uno por dos
Orión (4): Pudo oponer mayor resistencia en el gol. En los penales, nada.A. González (6): Correcto en la marca e importante en el 1 a 1: metió el centro del gol de Bergessio.C. Tula (6): Se jugó la ropa en varios cruces, con buen resultado. Cumplió.G. Aguirre (7): El mejor de la defensa. Fue clave para aguantar el empate y hasta salvó un gol en la línea.D. Placente (6): Sereno, con clase y oficio. Tuvo problemas con Guerrón, pero fue uno de los pocos que alguna le pudo sacar.D. Rivero (5,5): Esforzado pero impreciso, no pesó. J. Torres (4): Fue mal expulsado a los 30 del PT.S. Hirsig (7): Apareció poco en el primero, levantó mucho en el segundo. A. D'Alessandro (6): Sobre el final intentó la heroica sobre la izquierda. G. Bergessio (7): Hizo su aporte para otra hazaña y dejó el físico en Quito.B. Romeo (4,5): Falló una clara: su cabezazo, solo, dio en el travesaño.A. Torres (4): Entró mal y no metió el penal.P. Alvarado (7): Aportó sacrificio y orden.N. Bianchi (-): Poco.
domingo, 2 de marzo de 2008
Al menos 40 muertos en un nuevo ataque suicida en Pakistán
Un terrorista hizo estallar su carga de explosivos en una reunión de un consejo tribal en la región de Darra Adamkhel, en el norte del país. El viernes, en un ataque similar, murieron otras 40 personas.
Líderes tribales de la localidad de Zarghon Khel, donde tenía lugar el encuentro, dijeron que el terrorista irrumpió en la reunión e hizo estallar la carga explosiva que llevaba encima.
Treinta personas murieron en el acto, mientras que las otras diez fallecieron mientras recibían atención médica. Los heridos fueron trasladados a los centros asistenciales más cercanos y se extremaron las medidas de seguridad en la zona, situada en el distrito de Kohat.
En la asamblea se había decidido hacer pagar multas y quemar las casas de todos los habitantes que dieran refugio a insurgentes islámicos.
En el valle de Swat los combates entre el Ejército y los talibanes paquistaníes son constantes. El viernes, al menos 40 personas murieron en otro ataque suicida, en el atentado más sangriento desde la celebración de los comicios legislativos paquistaníes del 18 de febrero.
miércoles, 20 de febrero de 2008
Daniel Day- Lewis: "No tengo conciencia de lo que provoco"
El actor inglés, de look bohemio, con jeans, sombrero, arito, pelo largo y sonrisa juvenil -nadie le daría 50 años-, es el protagonista excluyente de "Petróleo sangriento", que se estrena mañana, y por la que es gran candidato al Oscar que se entrega el domingo. "Hay tanta basura escrita sobre cómo hago mis trabajos... Por favor, borren de su cerebro todo lo que han leído o escuchado de mí", pide...
Gracias a Daniel Day-Lewis. Con un actor como él, cualquier director es el mejor director". Al agradecer su Oso de Plata, Paul Thomas Anderson no hizo más que expresar el consenso colectivo: Daniel Day-Lewis es insuperable, por lo menos en el Hollywood actual. Algo que se verá confirmado el domingo si, como se supone, gana el Oscar por la interpretación de Daniel Plainview en Petróleo sangriento.Pero su magnetismo no nace sólo de su capacidad actoral y de su atractivo físico -¿hay alguna mujer que no lo desee?-, sino en el misterio que lo envuelve. Está rodeado de leyendas: que su preparación para cada papel lo lleva a convertirse en sus criaturas las 24 horas; que en realidad odia actuar; que dejó de trabajar en teatro la noche en que vio el fantasma de su padre en el escenario; que aterroriza a sus compañeros de rodaje. El enigma se agiganta por sus escasas apariciones públicas: odia las entrevistas y filma cada tanto (sólo hizo cuatro películas en los últimos diez años).
En Berlín, sus contactos con la prensa se redujeron a dos conferencias de prensa, siempre flanqueado por Anderson y su compañero de elenco Paul Dano. Flaquísimo, look bohemio -jeans, sombrero, arito, pelo largo-, sonrisa juvenil: nadie le daría 50 años. Las dos veces, la mayoría de las preguntas apuntó a algo tan simple como descubrir cómo preparó el papel del magnate petrolero Plainview, protagonista absoluto de la película. Las dos veces, el inglés fue simpático pero lacónico.
"Mi trabajo fue el mismo que el de Plainview: consiste en hacer pozos en el suelo y descender a la oscuridad esperando encontrar algo. De hecho, cavé un pozo en el jardín de mi casa en Irlanda... Varios, a decir verdad. Mis manos no son las de un trabajador manual, así que tuve que prestarles algo de atención si quería que parecieran las de alguien que hacía esa clase de trabajo en aquellos tiempos... Eso es todo". Ese es el tipo de respuestas que da Day-Lewis.
Entonces, no queda otra que insistir. Pero él no despeja la bruma: "No es que sea evasivo, pero es algo de lo que me resulta difícil hablar, porque no lo puedo describir de una forma que tenga sentido. Es algo indescriptible. Todos encontramos una forma de trabajar que nos conviene. Hay cosas prácticas que si necesitás aprender tratás de aprenderlas. Como dije, el trabajo es cavar pozos en el suelo, ir a la oscuridad esperando encontrar algo que valga la pena. Es algo que tiene que ocurrir de manera inconsciente, a nivel subterráneo. Y, después, que el trabajo se cuide a sí mismo".
Hay una explicación para su reticencia a revelar su método: le molesta que lo tilden de obsesivo o extravagante. Motes que surgieron cuando, para El último de los mohicanos, construyó una canoa, aprendió a rastrear y despellejar animales, y permaneció aferrado durante meses -incluso para una cena de Navidad- a un rifle. O por su empecinamiento por mantenerse, dentro y fuera del set, en la silla de ruedas del cuadrapléjico que interpretó en Mi pie izquierdo (y que le valió un Oscar). O por los cursos de corte de carnes que tomó con carniceros para su Bill The Butcher de Pandillas de Nueva York. O por su confinamiento en una celda y el pedido a la producción de que le tiraran agua y lo maltrataran en En el nombre del padre.
Fue el director de esa película, Jim Sheridan, el que dijo que Day-Lewis odiaba actuar, por el desgaste que sufría con cada papel. "Hay tanta basura escrita sobre cómo hago mis trabajos... Por favor, borren de su cerebro todo lo que han leído o escuchado de mí", pidió cuando alguien intentó citar un viejo artículo. "Todos nos tomamos mucho tiempo para prepararnos para esta película. En ese tiempo traté de imaginarme todo un mundo, de comprometerme con la vida entera de ese hombre."
Ese hombre es Plainview, personaje inspirado en Edward Doheny, que empezó como buscador de plata y terminó como dueño de la Pan American Petroleum and Transport Company. Tiene reminiscencias de El Ciudadano, por su carácter de self made man, y también la mezquindad, la soledad y el desmesurado afán de poder y dinero: ideal para el lucimiento de Day-Lewis, que se preparó estudiando libros y cartas sobre la California de principios de siglo XX y practicó con herramientas como las que se usaban en esa época en los pozos petroleros.
Plainview es un hombre desagradable, pero a él no le preocupa no generar empatía: "No me importa lo que mi personaje provoque en el público, en ese sentido tengo que ser completamente irresponsable. Obviamente hay peligros, y uno de ellos es alejar a la gente de la película, pero parte de mi trabajo es no juzgar y tener una identificación muy fuerte con mi personaje, algo que se desarrolle de un modo muy íntimo, de un modo en el que no importa nadie más. Para bien o para mal, cuando trabajo no tengo conciencia de lo que provoco con mi personaje. Si especulás con el resultado, chocás el auto, porque ahí no yace el verdadero trabajo del actor."
Su antagonista en la película es Eli Sunday, un religioso que le reclama dinero para su congregación. El papel terminó en manos de Paul Dano, luego de que el actor original -nunca se sabrá su nombre- renunció o fue despedido. Los rumores dicen que no aguantó la actitud de Day-Lewis, que para darle verosimilitud al enfrentamiento entre los personajes, lo hostigaba hasta fuera del set. Versiones parecidas involucraron a Leonardo DiCaprio en Pandillas de Nueva York. Pero Dano, que ya había trabajado con Day-Lewis en La balada de Jack y Rose, dijo que su compañero de elenco fue "muy dulce".
Quedará para siempre la duda, como la que existe sobre la aversión de Day-Lewis al teatro: la explicación más difundida es que en 1989, cuando estaba interpretando a Hamlet en el National Theatre de London, tuvo la sensación de que le estaba hablando al fantasma de su padre, el reconocido poeta Cecil Day-Lewis, que había muerto cuando él tenía 15 años. Se fue del escenario y nunca más volvió.
Lo suyo es el cine, aunque seleccione con cuidado cada proyecto. Esta vez lo convenció un guión que en las primeras veinte páginas no tenía un solo diálogo. "Me encantó. Me acuerdo de estar mirando la primera página, y después la segunda y la tercera, y en un momento determinado pensar: '¿Cuánto tiempo puede seguir esto?'. Provengo de una familia donde las relaciones con el lenguaje siempre fueron parte del día a día, así que me fascinó que alguien pudiera contarte todo lo que necesitabas saber del personaje sin decir ni una sola palabra. No creo que sea fácil hacer algo así, y nosotros lo hicimos".
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